
Habiendo cerrado de una manera agridulce el Torneo Apertura 2010 del campeonato venezolano dadas las formas “trogloditas” de celebración que caracterizan al deporte nacional en general, diciembre se ha vuelto una suerte de “plaza de toros” multitudinaria para quienes prefieren el deporte de la crítica y la burla por encima del fútbol.
El “tiro al suelo” de estos “veteranos de guerra” va contra el aún joven proyecto del Real Esppor Club, un equipo que con trabajo, inversión y más trabajo, ha llegado al torneo local para luchar contra la historia, contra los que se creen grandes y contra los que son grandes.
¿Cuál es el pecado capital del proyecto “Merengue”? Invertir. Tristemente, en un país donde el gobierno pretende imponer tendencias comunistas parece ser que existen “Bob Esponjas” que absorben estas ideas, asumiendo que todo lo que huela a capital, trabajo y productividad hay que “escupirlo” para aniquilarlo.
¿Y qué va a hacer el Esppor si no quedó campeón? ¿Tanto dinero para nada? ¿Y dónde están esos que nos iban a ganar? Frente a eso sólo queda “pegar la vuelta” y esperar el día del juicio final.
Quien sí quiera sentarse a analizar el pasado Apertura podrá quizás (y sólo quizás) ver en la tabla clasificatoria a dos equipos empatados en puntos y separados por apenas un gol de diferencia: Deportivo Táchira y Real Esppor Club.
Más allá de la historia, las estrellas y la tradición, el Deportivo Táchira presentaba para el pasado torneo una de las plantillas más ambiciosas a nivel de inversión con un proyecto bien estructurado basado en el trabajo de un director técnico tan costoso como ganador.
Pero es que hablar sólo de dinero para el fútbol es una suerte de ofensa a gran escala. El proyecto “Aurinegro” sin duda demostró que, más allá de un bache de dos empates y una derrota, fue durante toda la campaña un “carrusel” arrollador contra los rivales grandes y pequeños, cosa que por el contrario no pudo conseguir el Real Esppor Club, oncena que no sumó tres puntos ni contra Caracas (1-2), ni contra Táchira (2-0), ni contra Petare (0-0), ni contra Trujillanos (1-1).
No se puede auto-tildar nadie como “objetivo” y decir que el Real Esppor fracasó rotundamente en este Torneo Apertura. No puede ser un fracasó subir del decimoquinto lugar ocupado en 2009 (4G, 5E, 8P y 17 Puntos.) al segundo lugar de la tabla apenas un año después (11G, 3E, 3P y 36 Puntos).
¿No es eso que llamamos “inmediatez” lo que tanto criticamos por “matar” las bases del fútbol venezolano? Pero, ¿si un equipo invierte y en el Torneo Apertura de ese mismo año no gana entonces es un fracasó? Sinceramente, prefiero no entender a los entendidos.
El tema del nombre
Recientemente, escuchando el programa Pok-a-tok en Radio Deporte 1590 AM, escuché la teoría de que uno de los problemas “de origen” del Real Esppor Club sería precisamente el nombre.
Real Esp (de España) por (de Portugal) vendría a intentar revivir un sistema de “fútbol de colonias” que si bien fue efectivo en la década de los cincuenta, sesenta y setenta con equipos como Marítimo SC o el Deportivo Galicia, hoy en día no tendría cabida en el país dada la presencia de clubes “propios” de los ciudadanos como el Caracas FC.
Si bien la teoría es válida, y más viniendo de los personajes que hacen vida en este programa, es quizás algo irónico plantearla cuando tenemos en Venezuela un club que con el nombre representa al barrio más grande de América Latina y que no tiene el poder de convocatoria para llenar ni un quinto del Estadio Olímpico de la UCV.
Si bien en cierto punto pueda llegar a influir este aspecto, más que el nombre es probable que la constancia, el acercamiento fáctico y, sobre todo, los triunfos, sean los factores decisivos para que un equipo despierte pasiones.
Sí, el Caracas FC posee una de las “barras” más importantes del país, pero el estadio se ve completamente lleno cuando el equipo va ganando o cuando juega torneos internacionales como la Copa Libertadores (en el cual se participa por ser un club ganador). De resto la asistencia al Olímpico es variables por demás y ni mucho menos se puede jactar la institución de “agotar” la boletería domingo tras domingo.
La identificación con los colores no es meditada ni estudiada. La pasión nace y para que esto ocurra el equipo debe hacer tres cosas: ganar, gustar y seguir ganado.